Pagina Oficial del Carnaval de Cartagena.-

ORIGENES.-
Las fiestas del carnaval forman parte del legado que otras culturas dejaron al mundo occidental y guardan mucha similitud con otras muchas fiestas de la Región de Murcia donde las costumbres populares y las tradiciones milenarias se entrelazan en una unidad.

Ya en el siglo XVIII y XIX se celebraban esta fiestas, con un gran numero de participantes que hacían gala y derroche de su picardía y "bordería". De aquellos carnavales nos ha quedado la semilla de la que brotado un nuevo Carnaval, mas amplio y abierto a todos los segmentos de la población.

Los carnavales de antaño eran unos carnavales de murgas, que recorrían calles y plazas cantando sus coplillas picadamente compuestas y en las que o se dejaba títere con cabeza.

También había disfraces: entre los más corrientes se encontraban los de huertano y el socorrido dominó, aunque no faltaban quienes se disfrazaban de fraile.

Eran típicos los puestos callejeros de buñuelos o de perfumadores, serpentinas y confeti que luego se arrojan entre los que mas afanadamente vivían las fiestas.

Relataba el desaparecido Cronista oficial de Cartagena, Don Isidoro Valverde A´varez, que las muchachas durante todo el año guardaban los cascarones de huevo, que habían vaciado por un orificio, para luego rellenarlo de confeti y utilizarlos como munición en la guerra del carnaval.

Los carnavales de Cartagena comenzaban el día de la Candelaria con el "Tío del Bando", un hombre que vestía de charro, con camisa blanca, pantalones y chaleco de terciopelo negro con botones de plata. Como el Carnaval implica exageración, completaba su atuendo con un despertador como reloj y unas sabanas como pañuelo.

El Pregonero montaba en burro y detrás llevaba un acompañamiento de hombres y mujeres vestidos de huertanos que vendían copias del bando al precio de 10 céntimos, lo que se llamaba popularmente la perra gorra. El bando se pregonaba todos los días festivos, a partir de l2 de febrero hasta el domingo de piñatas, en balcones, calles, plazas y hasta desde las mesas de cafés con terraza.

A los bailes acudían las jóvenes casaderas quienes recibían a la entrada del baile un romántico carne, atado por un cordón a un lápiz, donde anotaban nombres de hombre y turnos de baile. La ciudad engalanaba para la ocasión.

No podemos olvidar que hubo años en los que no se celebro el carnaval por motivos diversos que ya conocemos. Así, Cartagena tuvo durante más de medio siglo un carnaval silenciado, aletargado que hace dos décadas resurgió como un ave fénix, pero con plumas y lentejuelas.